Adviento 2014

 
 

A todos los hermanos y hermanas de los oasis – realidades
de la Koinonía Juan Bautista

¡Cristo ha resucitado!

Hay una parábola que siempre ha llamado mi atención: es la parábola del banquete nupcial que se encuentra en el capítulo 22 del evangelio de Mateo.
A la invitación del rey para la boda de su hijo los invitados no respondieron. Entonces el rey mandó a sus siervos a las calles a invitar a todos los que encontrasen, buenos y malos, pero con una condición, que tuvieran el traje de boda. La sala se llenó pero entre los invitados había uno sin traje de boda y fue atado y arrojado fuera a las tinieblas.
Tres son los puntos que me parecen importantes: la invitación a la boda, los comensales buenos y malos y el traje de boda. Creo que son tres elementos guía para nuestro próximo adviento.

Invitación a la boda.
El Señor es siempre un anfitrión generoso, siempre dispuesto a compartir sus ganas de hacer fiesta. Nunca se olvida de invitarnos. El problema es el de acoger su invitación. Estamos tan atrapados por tantas cosas que hay en nuestro corazón que roban nuestro tiempo reservado al Señor. ¡No tenemos más tiempo! Es nuestra escusa para no decir en realidad que no nos interesa mucho y nos defendemos de involucrarnos más intensamente. Y así con las cosas del Señor y los compromisos comunitarios; todo está en un régimen de dosis insuficiente.

¿Qué hacer? Dejarse involucrar por el Señor y por los hermanos dando el tiempo necesario a la oración y a las relaciones, al menos al caluroso saludo.

Comensales buenos y malos.
Todos están invitados, buenos y malos, nadie está excluído. Esto es muy consolador y por tanto me permite considerarme entre los que son dignos. El Señor ama siempre y de todos modos. Esta es la verdad que apoya el dinamismo de nuestra vida. Para dar gracias a Dios no es necesario estar estresado en una producción de obras buenas como en una cadena de montaje; basta ser uno mismo. Él no nos clasifica y no verifica la calidad de nuestras producciones y eficiencias religiosas y éticas; seguimos siendo siempre parte suya, dignos de participar en la fiesta. Pero esto no es fácil de acoger; se querría ser acogido porque se vale mientras en realidad se es acogido porque Él es bueno.

Dejarse acoger por el Señor y por los hermanos así como eres dejando de juzgar y de quejarse. ¡Bendecirnos!

Como consecuencia con nuestros hermanos sucede lo mismo y pecamos de orgullo y provocamos una rivalidad competitiva que hace amar las relaciones. Se quiere contar para algo mientras se es acogido no porque se vale, sino porque los demás son buenos. ¿Qué hacer? Dejarse acoger por el Señor y por los hermanos así como eres dejando de juzgar y de quejarse. ¡Bendecirnos!

Traje de boda.
Me sorprende cómo es posible que un invitado se haya olvidado de ponerse el traje de boda y perder así la ocasión de participar en la fiesta de la boda. Deduzco que se comportó como un necio.
Y nosotros somos necios muchas veces. Pensamos que no es necesario convertirnos, que lo hemos probado muchas veces pero que al final está bien así. Y así nos habituamos a todo y no se siente más el peso interior del Espíritu que nos llama a la conversión. Cambiar el traje no es sólo aplicar una corrección ética, sino más profundamente ajustarse al don recibido.

¿Qué hemos recibido? El don de la salvación y de la comunidad; a este don debemos ajustarnos con una conversión activa.

¿Qué hemos recibido? El don de la salvación y de la comunidad; a este don debemos ajustarnos con una conversión activa. No querría que esto nos sucediera a muchos de nosotros condenarnos solos, justificando todo. La santidad de vida no debe ser metida en un vestidor. ¿Qué hacer? Convertirse en santos, es decir discípulos vistuosos en la caridad, celosos del anuncio, amorosos hacia los hermanos, generosos y acogedores con el pobre que vive a tu lado. Ajustarse a la caridad.

Estas son las tres líneas que sugiero para este adviento: dar tiempo a la oración, utilizar la lengua no para juzgar sino para hablar bien de los hermanos, hacer gestos concretos de acogida y de solidaridad con tu hermano.

Queridos que no suceda que después de haber predicado a los demás, resultemos nosotros mismos descalificados (cfr. 1Cor 9,27).

 

Plzeň-Valcha, 17 de noviembre de 2014

P. Alvaro Grammatica
Pastor general