Adviento 2015

 
 

A todos los hermanos y hermanas de los oasis - realidades de la
Koinonía Juan Bautista

¡Cristo ha resucitado!

Mientras escribo la carta para el próximo adviento, estoy como pelegrino en Israel. Acabo de visitar nuevamente Nazaret; mañana me espera el monte de las Bienaventuranzas y Cafarnaun y así sucesivamente. Mis pensamientos se mueven en esta altitud espiritual y no puedo evitar dejarme influenciar por lo que me rodea.

Aquí todo habla del anuncio y de recibimiento; pareciera que estos lugares hicieran eco al año jubilar de la misericordia proclamado por el Papa Francisco. Todo se envuelve de misericordia, de presencia y de espera; el mensaje evangélico que se vuelve universal, capaz de alcanzar toda exigencia del corazón humano.

Son tres las reflexiones que se imponen en mi conciencia y que corresponden perfectamente al camino de la Koinonia para este adviento.

El don de Dios supera nuestra pobreza.

La primera es que el don de Dios supera nuestra pobreza. En Nazareth, María viene envuelta por un don que la supera y la hace capaz de recibir. En Cafarnaúm, la casa de Pedro se vuelve un lugar donde se concretiza la profunda esperanza de que cada uno puede ser restaurado y volverse nuevamente depósito de un amor gratuito: se vence la soledad y comienza a germinar el gozo. En otras palabras acontece el milagro de Caná: la simple agua de purificación se vuelve vino mesiánico que trae el gozo.

Aceptarnos a nosotros mismos así como somos para experimentar la verdadera filiación.

La segunda es la presencia de la pobreza y la bendición en todas las situaciones de nuestra vida. No existe el que está totalmente perdido ni tampoco el que es totalmente santo; existe una medida de pobreza enriquecida, de debilidad reforzada, de lejanía que se vuelve un camino de acercamiento. ¿Quiénes eran los apóstoles sino pobres que, aun quedándose como tales, experimentaron igualmente ser amados como si fueran las personas mejores de toda la tierra? Esta es la clave para una vida pacífica y verdaderamente evangélica. Sólo en la medida en que aceptaremos ser pecadores perdonados podremos decir que Jesús es el verdadero Emanuel, el Dios con nosotros.

Responder con fe y generosidad las invitaciones divinas.

Por último, cada personaje bíblico ha sido llamado a responder con fe y generosidad las invitaciones divinas. María responde al Ángel, Pedro a las sugerencias de Jesús en la barca. ¿Cuál era su seguridad? Ninguna, sino la valiente confianza en la palabra recibida. María la recibió, Pedro también y se volvieron instrumentos de salvación para todos nosotros. María no conocía al Ángel, pero confió; del mismo modo Pedro no conocía al famoso Rabí de Nazareth, pero confió en la palabra recibida desafiando toda prevención aún con fundamento. La docilidad debe siempre preceder cada discernimiento.

De estas tres reflexiones surgen tres sencillos compromisos: gozo, aceptación y docilidad. Gozo porque el don de Dios nos supera; aceptarnos a nosotros mismos así como somos para experimentar la verdadera filiación, y docilidad al hermano para vencer todo filtro de falta de confianza.

Comprometiéndonos en el gozo para no dar espacio al desánimo y a la tristeza, que quieren convencernos que el don de Dios no nos pertenece y que además para nosotros nada cambiará.

Comprometámonos en amarnos a nosotros mismos y aceptarnos con gratitud y respeto para superar toda amargura que nos impide vivir como hijos: no estamos llamados a vivir bajo el yugo de la acusación que niega nuestra adopción filial.

Comprometámonos a la docilidad fraterna y así podremos vencer el miedo al otro y al diferente, un miedo que no es otra cosa sino escapar de la misericordia que nos llama a la comunión.

Entonces, elije ser alegre, voluntariamente gozoso, de no maltratarte y de no acusarte; abundando en la gratitud por aquello que eres y por lo que haces; de ir a encontrar a tu hermano para volverte un buen samaritano.

No debemos hacer nada sin gozo, sin amor y sin docilidad.

Por el resto, las oraciones, penitencias, ayunos y diferentes actos de piedad, permanecen siempre válidos, pero no debemos hacer nada sin gozo, sin amor y sin docilidad. De lo contrario seremos como un címbalo que resuena y que le falta fuerza, seremos una voz que no sabe gritar, un anuncio que no llega al corazón.

El carisma de la Koinonia Juan Bautista pide este compromiso.

Feliz tiempo de adviento.

Plzeň-Valcha, 22 de noviembre de 2015

p. Alvaro Grammatica
Pastor general