Adviento 2016

 
 

A todos los hermanos y hermanas de los oasis - realidades de la
Koinonía Juan Bautista

¡Cristo ha resucitado!

Queridos hermanos y hermanas:

Comienza el tiempo del adviento, un tiempo que nos sitúa en la perspectiva de espera y de acogida del don de Dios en la persona de Jesús. El adviento no es sólo un recuerdo sino que es un ponernos realmente en una actitud de disponibilidad para recibir aquello que Dios ha preparado para nosotros.

Para nosotros, pueblo de la Koinonía Juan Bautista, el Adviento asume un significado de espera marcado por el don de la unidad y de la Palabra. Unidad en cuanto a que el rostro de Jesús no puede más que estar distinguido por la comunión entre los hermanos. Palabra en cuanto que hemos sido llamados a ser anunciadores del Evangelio. Jesús viene a nosotros revestido de comunión y de testimonio.

Acabamos de vivir un Congreso lleno de gozo y de consolación donde hemos “sentido” la presencia del Espíritu que nos llama a no detenernos en el camino emprendido. El Congreso ha marcado una etapa importante por nuestros 40 años desde los inicios en Camparmó, un camino que nos ha forjado como un único pueblo evangelizador, capaz de entusiasmo y que se atreve a ir más allá de las propias fuerzas. Pero también ha abierto una puerta ante nosotros: aquella de no olvidar el primer amor, de un ir hacia adelante que es realidad es un volver atrás. El primer amor en antes que nada es Jesús, naturalmente, pero específicamente para nosotros es Camparmó, es mi hermano. Por lo tanto el futuro dependerá de nuestra capacidad de beber el cáliz de la unidad hasta el fondo para que el mundo crea que Jesús está en medio de nosotros. La palabra de la fe, de hecho, se alimenta de unidad, atrae y fecunda los corazones a través del sello del amor fraterno.

Por eso comunión y Palabra van siempre juntos y nos permiten reconocer el actuar de Dios que viene en medio de nosotros. Para permanecer a la espera del Señor que viene a visitarnos, recibimos su modo de su donarse a nosotros como Koinonía reforzando la comunión y el testimonio.

Reforzar la comunión exige pensar bien del hermano, ir más allá de un presunto juicio de sus intenciones, sean buenas o malas. No es fácil, pero no es imposible. No nos dejemos envenenar el corazón con pensamientos que nos enfrían en el ir hacia el hermano. Y, como bien sabemos, el pensar domina con la lengua. Compitamos, por lo tanto, en el estimarnos recíprocamente de modo que no salga de nuestra boca ninguna palabra mala sino palabras que edifiquen (Cfr. Ef 4,29).

Reforzar el testimonio es reencontrar el valor de anunciar a Jesús y lo que hace en nuestra vida dando esperanza a todos aquellos que están buscando el verdadero amor. La pereza es como una telaraña que inevitablemente se expande empezando por los rincones más escondidos de nuestro corazón. Con ánimo mantengamos limpia nuestra casa interior con una constante oración, con un generoso servicio desinteresado al hermano y a la comunidad y con una vida hecha de gestos inspirados por una sabia y sana “penitencia.” Sólo así venceremos la acidia que atenaza nuestra vida y volveremos a descubrir el gozo de hablar de Jesús.

He aquí dos simples sugerencias por este Adviento: boca y penitencia. Haciendo así acogeremos el don de ser Camparmó, casa de comunión dónde su amor brilla anuncio de la resurrección.

¡Feliz Adviento!

Plzeň-Valcha, 20 de noviembre de 2016

p. Alvaro Grammatica
Pastor general