Adviento 2017

<em>El arcángel Gabriel hace enmudecer a Zacarías - Alexander Andrejewitsch Iwanow</em>
 
 
El arcángel Gabriel hace enmudecer a Zacarías - Alexander Andrejewitsch Iwanow

A todos los hermanos y hermanas de los oasis – realidades de la
Koinonía Juan Bautista

“Adviento”, tiempo de espera

A nivel doctrinal sabemos que indica el recuerdo de la encarnación, pero, a nivel existencial, ¿podemos esperar todavía algo nuevo?

Es una pregunta que alberga nuestro corazón y a menudo asoma entre las varias problemáticas cotidianas. Estamos talmente oprimidos por diversas necesidades que justo lo que disminuye es la esperanza en que algo pueda todavía cambiar. Somos un poco como el pueblo hebreo esclavo en Egipto que ya no creía en la existencia de una tierra prometida; sin embargo existía y estaba destinada para ellos. O también, tomando inspiración en la vida de Juan Bautista, nos parecemos a Zacarías, el cual ya no esperaba que fuese escuchada su oración cuando pedía concebir un hijo.

Este es el contexto en el cual ocurre algo que nadie hubiese imaginado jamás: aparece el ángel y anuncia el nacimiento próximo de un hijo, Juan, que será el Bautista. Del mismo modo en el desierto Dios se aparece a Moisés: un evento inesperado y ni tan siquiera remotamente pedido o previsto. En ambos casos Dios se manifiesta con un anuncio. En el primer caso, Dios invita a Moisés a visitar al pueblo esclavo para darle el anuncio de la inminente liberación (cfr. Ex 3,16); en el segundo caso, el ángel dice a Zacarías que su oración ha sido escuchada (cfr. Lc 1,13). Pero ninguno de los dos creyó en este anuncio. Eran incapaces de creer algo así, pero sobre todo no eran capaces de aprender un nuevo lenguaje: el del anuncio. Zacarías se quedará mudo, Moisés tendrá que apoyarse en Aarón.

Debemos aprender a usar una gramática hecha de fe y no de circunstancias fácticas. Nuestra dificultad real es usar un lenguaje que a veces está en abierto contraste con la realidad; se trata de aprender a usar un lenguaje de esperanza.

Imaginemos a Moisés que va a su pueblo esclavo y le anuncia la inminente liberación o a Zacarías que debe decir, en primer lugar a sí mismo, que su mujer va a concebir. ¿Es un hablar sin sentido o con la fe? Lamentablemente, muy a menudo estamos mudos por el hecho de ser incapaces de palabras que sepan a profecía. Para abrirnos a la novedad de Dios es necesario aprender a hablar en profecía.

Zacarías aprende la lección y escribirá sobre una tablilla un nombre nuevo para su hijo: Juan, que significa “Dios es gracia, Dios ha escuchado, Dios ha usado misericordia”. Desde este momento Zacarías recobra la palabra y profetiza.

Queridos todos, o nos abrimos a la novedad o nos cerramos ante la tiranía del tiempo que pasa sin sorpresas. Dios quiere que nos liberemos de esta esclavitud y nos abramos a una actitud de espera. No importa si después obtendré o no obtendré lo esperado, lo que importa es la espera que nos vuelve siempre jóvenes, ágiles como águilas que vuelan alto. “Adviento” implica asumir una actitud que consiste en: “Creo y aguardo porque espero el cumplimiento de las promesas”. ¡Saber renacer a la profecía! Este es el desafío para nosotros y para nuestra comunidad.

Juan Bautista es el hombre del anuncio, es el hombre del futuro, de la mirada penetrante, porque ve a lo lejos y no se rinde ante el hoy. ¡Por esto no somos mudos! Siendo sinceros, no nos interesa únicamente que sean escuchadas nuestras oraciones, sino la fuerza que nace de la espera de ser escuchados. Por lo tanto, retomemos con valor la proclamación de las promesas, fortalezcamos la esperanza animándonos unos a otros, confirmémonos en la unidad buscando la comunión sin desertar de nuestras asambleas.

Proclamación diaria, ánimo continuo, perseverancia en la participación en los encuentros comunitarios: tres compromisos para este Adviento.

Plzeň-Valcha, 24 de noviembre de 2017

p. Alvaro Grammatica
Pastor general