Adviento 2018

 
 

A todos los hermanos y hermanas de los oasis – realidades de la
Koinonía Juan Bautista

¡Cristo ha resucitado!

Recuerda todo el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años…
- cfr. Dt 8,2

 

Este versículo interpreta muy bien cuál debe ser nuestra actitud de fe: la memoria de lo que éramos y de lo que Dios ha hecho por nosotros. De esta memoria depende nuestra fidelidad. Por eso el texto bíblico continúa invitando a observar las órdenes del Señor y a caminar por sus caminos con temor (cfr. Dt 8, 6).

Pienso que la fidelidad tiene su origen en esta mirada retroactiva, llena de verdad y de humildad. Recordar cómo éramos y lo que hemos recibido nos abre a la gratitud, nos sana de toda pretensión, nos hace fuertes en las dificultades y nos confirma en la esperanza del cumplimiento de las promesas. Una ceguera respecto a lo que éramos sólo produce rebelión, ilusión y división; nos volvemos amargos, pretenciosos y al final desesperados porque ya no nos fiamos de Dios sino sólo de nuestras efímeras fuerzas.

El periodo de Adviento viene a recordarnos que es Dios quien ha decidido venir a nuestro encuentro ofreciéndose a sí mismo; no somos nosotros quienes merecemos algo. Si Dios no nos hubiera visitado, no habríamos sido liberados de nuestros pecados. Cada uno de nosotros ha sido visitado a través de la comunidad y en la comunidad continúa siendo visitado por el don de Dios. Para darnos cuenta basta detenerse y mirar cómo éramos. Si éramos mejores, entonces tiene sentido abandonar enseguida el camino, pero si, por el contrario, somos ahora mejores, entonces vale la pena continuar.

Ser fieles depende de una mirada agradecida por todo aquello que hemos recibido.

Ahora más que nunca es urgente recuperar una mística de la memoria, como María que custodiaba, recordaba las promesas recibidas, atenta a los acontecimientos de la vida (cfr. Lc 2, 51).

La ceguera siempre provoca como última consecuencia no sólo el abandono, sino un abandono cargado de falsas justificaciones cuyo signo es la acusación a los hermanos. “Visto que el otro es malo, entonces es lícito abandonar…”: es la frase típica para hacer callar el corazón que pide reconocer el don de Dios que hemos recibido. Nos hace falta un colirio para ungir nuestros ojos, no para ver el futuro, sino el pasado. De hecho una visión sin memoria es idolatría.

El Adviento es un tiempo ideal para detenerse, ver, agradecer y retomar fuerza para continuar en el camino koinónico.

No sugiero penitencias particulares porque sé que cada uno sabrá elegir aquellas más idóneas; sugiero en cambio que cada día puedas recordar cómo eras y lo que Dios ha hecho en ti.

A todos deseo una buena memoria.

Plzeň-Valcha, 23 de noviembre de 2018

p. Alvaro Grammatica
Pastor general