Cuaresma 2015

 
 

A todos los hermanos y hermanas
de los Oasis – Realidades de la
Koinonía Juan Bautista

¡Cristo ha resucitado!

“Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos.”
(Jn 15,13)

¿Qué nos pide el Señor para esta Cuaresma?

Este año la Iglesia, con la carta cuaresmal del Papa Francisco, nos invita a animar los corazones (cfr. Santiago 5,8) y a despojarnos de actitudes de indiferencia para vivir con compasión. Vivir con compasión es ver que nuestra vida se realiza gracias a la de los demás, de la que toma su savia. Somos un cuerpo y dependemos de la salud del cuerpo. Un cuerpo sano es un cuerpo unido donde los miembros no sólo están unidos entre ellos, sino que además se preocupan los unos de los otros. Es buscar al hermano orando por él y sirviéndole en sus necesidades. Es necesario un corazón delicado que sepa dedicar tiempo a la intercesión y es necesaria una mirada atenta para tender la mano al que tiene al lado.

Y la Iglesia no es otra cosa que el eco del evangelio. La novedad del evangelio es única: Dios nos llama amigos y nos trata como a amigos. Por eso Jesús ha dado la vida y nos enseña a hacer lo mismo. La raíz de todo es esto que Juan escribe en su primera carta: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de expiación por nuestros pecados” (1Jn 4,10).

La iniciativa de Dios nos abre a la respuesta; Él da Su amor y nosotros respondemos poniéndonos en sus manos. Es la dinámica del kerygma. Jesús ha hecho lo mismo: ha elegido a los suyos, les ha transformado en amigos y por ellos se ha dado a sí mismo. La imagen del lavatorio de pies en la última cena (cfr. Jn 13, 1-20) expresa muy bien lo que Jesús ha hecho por nosotros: ser para los demás.

Así también nosotros debemos despojarnos de nuestros vestidos y asumir los vestidos del que sirve. Y el servicio es siempre gratuito y gozoso, sin fin y creativo, humilde y cargado de compasión y de misericordia. De otro modo no sería servicio sino búsqueda de mérito y de una recompensa que satisfaga nuestra ambición.

Así que el camino de esta Cuaresma está ampliamente trazado: oración y servicio es lo que pide el Señor. Dediquemos más tiempo a la oración renovando nuestra fidelidad a la oración personal en los tiempos y en los modos asumidos en la comunidad; estemos dispuestos a hacer gestos concretos de servicio y de caridad hacia aquellos que lo necesitan y que a menudo descuidamos, porque nos resulta un poco pesado. Este es el tiempo de volver a acercarnos al Señor para descubrirle como amigo y acercarse a los hermanos para que surja de nuevo y se refuerce la amistad renovada desde la misericordia y desde la confianza. Desde este punto de vista de oración y de servicio las clásicas penitencias tienen un sentido: animar los corazones para amar más.

Que el Señor por la intercesión de María, Virgo potens, y de nuestros santos patrones, nos conceda que “habiendo purificado vuestras almas, obedeciendo a la verdad, para amaros los unos a los otros sinceramente como hermanos, os améis intensamente unos a otros con corazón puro, pues habéis sido reengendrados de un germen no corruptible, sino incorruptible, por medio de la palabra de Dios viva y permanente. Pues toda carne es como hierba y todo su esplendor como flor de hierba; se seca la hierba y cae la flor, pero la palabra del Señor permanece eternamente. Y esta es la palabra: la Buena Nueva anunciada a vosotros” (cfr. 1Pt 1,22-25).

Plzeň-Valcha, 16 febrero 2015

p. Alvaro Grammatica
Pastor general