Cuaresma 2018

 
 

A todos los hermanos y hermanas de los oasis – realidades de la
Koinonía Juan Bautista

¡Cristo ha resucitado!

Queridos hermanos y hermanas:

Vivimos en un tiempo lleno de vitalidad, un tiempo que considero maravilloso y que provoca entusiasmo. Para nosotros como Koinonía no es adecuada una visión negativa y llena de angustia, sino más bien una serena espera de la venida del Señor. Cierto, no todo resulta fácil, los problemas no tienen fácil solución y el mal se extiende, pero el sol está siempre presente no obstante las nubes pasajeras. ¡Sí, las nubes son siempre pasajeras!

He aquí el signo de esta Cuaresma: el Señor está siempre presente.

Nosotros estemos a la espera. De hecho esta es la verdadera tarea del discípulo: esperar el regreso del Señor y mientras tanto anunciar su salvación gratuita y para todos. Los Hechos de los Apóstoles no hacen más que subrayar esta verdad. Convertirnos a una espera llena de esperanza. Esta es la conversión que nos pide el Evangelio mismo cuando Jesús inicia su ministerio: “Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio” (Mc 1, 15).

El tiempo se había cumplido pero no para todos. No fue un tiempo cumplido para aquellos que no quisieron reconocer a Jesús y no acogieron la cercanía de Dios; en cambio fue un tiempo cumplido para aquellos que acogieron el don que Dios hacía con el envío del Mesías, Jesús de Nazaret. Era un tiempo bendecido, pero no fue así para todos.

Sucede así hoy en día: el tiempo en que vivimos es maravilloso, pero no para aquellos que no quieren acoger la venida de Dios lleno de misericordia, que va más allá de la ley del sábado para saciar al pueblo hambriento (cfr. Mc 2,23-28). Hace falta una verdadera conversión, que nos haga abrir los ojos y nos haga ver que el sol de justicia no ha desaparecido sino que se ha acercado para dar calor y bendición a quien está herido y necesita ser acogido.

La oración es la que nos hace abrir los ojos, el verdadero colirio que nos hace recuperar la vista. Esta es la clave para vencer la ceguera. No dejes la oración sino alza nuevamente tus manos al Cielo, cada día, en cada situación, para dar gracias e invocar la ayuda del Señor. Levanta tus manos y recibirás la verdadera bendición que necesitamos, la de descubrir que Dios está cerca porque el tiempo se ha cumplido.

La oración, acompañada por el ayuno y la limosna, nos ayudará a ser anunciadores de esperanza y no oscuros divulgadores de tristes noticias. El mundo necesita anunciadores de alegría que abran los ojos y despierten los corazones indolentes y paralizados por las pruebas y por el miedo. Necesitamos ver que Dios está cerca, un Dios misericordioso, un Dios salvador. Necesitamos ver que hoy es un tiempo bendecido, mucho más que ayer, y anuncio de la plenitud que vendrá a visitarnos de lo alto.

El tiempo es bendecido, cumplido, si tú decides convertirte. Ora para que tus ojos recuperen la justa visión para ver que el reino de Dios está cerca de ti.

Esta sea la Cuaresma de este año: orar para que el tiempo se cumpla, orar para que mis ojos vean el don de Dios junto a mí, orar para que sepa descubrir los signos de Su presencia en mi presente, orar para indicar que el sol aún resplandece sobre nosotros.

Oremos solos, juntos y en toda circunstancia, como nos recuerda Pablo: “Mantened la paz entre vosotros. […]…animéis a los apocados, sostengáis a los débiles y seáis pacientes con todos. Mirad que nadie devuelva a otro mal por mal; esmeraos siempre en haceros el bien unos a otros y a todos. Estad siempre alegres. Sed constantes en orar. Dad gracias en toda ocasión: esta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros. No apaguéis el espíritu, no despreciéis las profecías. Examinadlo todo; quedaos con lo bueno.” (1Ts 5,13-21).

Pilsen-Valcha, 7 de febrero de 2018

p. Alvaro Grammatica
Pastor general