IV DOMINGO DEL T.O. (A)

Domingo 29 de enero de 2023
Mt 5,1-12

«Al ver tanta gente, Jesús subió a la montaña: se sentó, y se le acercaron sus discípulos. Se puso a hablar y les enseñaba diciendo: “Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque serán consolados. Dichosos los humildes, porque heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque encontrarán misericordia. Dichosos los puros de corazón, porque verán a Dios. Dichosos los que construyen la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos ustedes cuando los insultarán, los perseguirán y, mintiendo, dirán toda clase de calumnias por causa mía. Alégrense y regocíjense, porque grande será su recompensa en los cielos. Pues así, de hecho, persiguieron a los profetas que vivieron antes que ustedes».
(Mt 5,1-12)

¡Cada enunciado del discurso de Jesús inicia con el término ‘dichosos’, en griego makàrioi, es decir, aquellos que viven en la felicidad porque están llenos de todo bien, de todo lo que se puede desear! Éste estado de vida parece sorprendentemente en contradicción con lo que sigue, es decir la condición externa que lo determina: pobreza, llanto, hambre y sed de justicia, persecuciones. ‘Pobreza’ significa sin lugar a dudas falta de bienes materiales, pero no solamente: el evangelista agrega “de espíritu”, es decir aquella sencillez que hace reaccionar a la adversidad y a todo tipo de precariedades que encontramos en la vida, que, si recibimos con ánimo recto, nos hacen depender confiadamente del Padre providente.

Los otros cuatro requisitos – humildad, misericordia, pureza de corazón y capacidad de construir la paz – son características que debemos cultivar en nosotros mismos, a través de las cuales podemos vencer en nosotros mismos, aquellas adversidades que nos acontecen. ¡El problema es como una piedra, si lo dejamos sobre nosotros, antes o después nos aplasta, pero si lo ponemos bajo nuestros pies, nos eleva! ¡El problema de hoy, de acuerdo con el discurso de Jesús, puede ser la victoria de mañana, depende de nosotros!

Entonces los criterios humanos se invierten: ¡no cuenta y vale quien TIENE, sino que cuenta y vale quien ES más similar a nuestro Padre que está en los cielos!

p. Giuseppe